martes, 23 de diciembre de 2014

Nuevo universo, nueva órbita

Este universo tomó forma, es autótrofo, no lo mates, cuídalo.

Me acerqué fingiendo casualidad,
y un universo se empezó a forjar
entre tú y yo.

Fingiendo casualidad te besé,
y por un momento nacieron las estrellas,
las nebulosas se crearon,
me envolvieron entre ellas.

En este asunto convexo
siempre termino deslizándome a un lado,
esperando que tú
te deslices conmigo.

Fingiendo casualidad te abracé,
y tu olor a peligro me tomó para sí;
los planetas nacieron,
los anillos se abrieron
y tu cabello se volvió el punto de retorno,
mientras el universo se expandía
en aquella acera distante,
testigo de la creación divina.

Esa calle oscura, atestiguante
vio nuestras manos fusionarse,
y mi mirada estallar
cuando de ver tu cara se trataba.

¿Por qué no son las noches
reversibles?
Quiero dos para comer aquí y tres para llevar.
Y el universo se creó,
ya tiene vida eterna, tiene rienda suelta,
así como tú conmigo,
y ya está, tu cabello flota en el espacio,
yo soy ese satélite perdido
que busca refugio en una luna distante,
mientras tú haces de las tuyas,
en este universo que colisiona
cada vez que rozas mi boca.

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