Ven y salva estas manos,
De ahogarse entre palabras y versos,
Abrazame y no me dejes ir
En estos días de angustia,
Tú eres la calma que necesito.
Sin tus besos y la mitad de un te quiero,
No tenemos nada,
Nada más que polvo negro.
Te congelaste, me hiciste arder;
En tus brazos quiero quemarme,
Y en tu cuerpo guardar mis cenizas.
La noche es nuestra,
Las estrellas a nuestra merced están,
Sin prisas, sin apuro,
Destrúyeme, y destruyamos el mundo,
La luna nos mira, nos anhela,
"¿Dónde han quedado los amantes
así como estos, tan puros,
Con pensamientos desnudos?"
Preguntó, y aquí estamos,
Vamos a arder, juguemos a querernos,
Hasta que ya no estemos jugando.
Me destruí por desesperación,
Desesperación por si volvías por aquí;
y me acabé cada noche esperando,
A que digas que me quieres.
Demuestra que tu cobardía puede morir, para hacer renacer esto,
Para hacernos renacer.
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