jueves, 19 de febrero de 2015

Estoy feliz, es un estado de ánimo muy raro, algo paranoico y molesto, te sientes hiperactivo. Por eso he dejado de escribir tanto, supongo, porque mi musa es la tristeza y ha dejado de mostrarse tan repetidamente. Estoy eufórica y me encanta.

-R

martes, 17 de febrero de 2015

Cosas importantes sin importancia, y cosas sin importancia importantes.

Pasar toda tu vida buscando algo para luego encontrarlo, y al verlo no sientas esa felicidad que tanto pensaste ibas a tener, pero el problema en el mundo, querido amigo, es que nuestra mente trabaja de manera asombrosa. Estira las cosas, les pone color, las emperifolla, las embellece, crea una fantasía de cosas tan simples. La belleza de la vida y de conseguir algo, es cómo lo haces, la verdadera emoción está en planearlo, la adrenalina está en crear un plan perfecto y sin errores, que te permita obtener lo que quieres, pero la verdad, lo que quieres es solo una excusa para ejecutar el plan, y así, satisfacer tu ego de haberlo logrado.

Porque al final de cuentas, tener algo no es tan gratificante como desearlo, de hecho, al tenerlo, sólo lo aprecias un rato y luego lo tiras a un lado, y es que te cansas de tantas noches de anhelo, de deseo y de ganas de que todo salga bien, que al pasar a ser tangible, tus manos ya no quieren el tacto, y está bien, porque así es el camino y ni tú ni tus ideas van a poder cambiarlo, ya que la vida es una perra, así como el karma.

La vida es una perra que te coge y te deja como una pasa, se va comiendo cada uno de tus sueños y poco a poco te deja sin nada que desear, quizás por eso es que al envejecer nos arrugamos, porque nos han succionado tanto que ya no hay más nada que nos mantenga firmes, y así, es como te das cuenta que hay cosas importantes sin importancia, y cosas sin importancia importantes.

lunes, 9 de febrero de 2015

Árboles

Teníamos fieles admiradores, corazón. 

Esos que nos observaban en silencio cuando de rozarnos los labios se trataba; aquellos que hablaban sonando sus ramas contra la brisa, nuestros grandes amigos acompañando a nuestras mentes a unirse. Si tan sólo ellos hubiesen sido los únicos que presenciasen nuestras manos tocarse, sin ojos que hablan ni palmas que dañan. Porque sus hojas nos envolvían y la seguridad invadía, porque tus manos en mi espalda a oscuras me llevaban a ti, y es que, cariño, ¿cómo no ir cuando tienes tanto que dar? ¿Será que me tocas y me quitas este mal? Ven, que las horas pasan lento y los árboles lloran tu partida, con sus copas cayendo en un falso otoño.


Ay, el viento se ha ido; 
enmudeció a mis amigos arbóreos, 
entorpeció el camino
y los tallos quedaron muy cortos.