Me perdí entre mis dedos intentado contar cuántas veces prometí no meterte entre mis versos, soy una farsa, tú eres el bufón, ¿qué más da al final? eres esa piedra en el zapato que llevo en mi par favorito, intento ignorarla para disfrutar su comodidad, pero es una maldita roca que no se deja ignorar. Insistí en sonreír y fingir, pero al final del día las sonrisas caen, tu cabello se enreda entre mi boca y la mueca que causa no es de felicidad, me preguntaba qué hice, siempre llego al punto medio del asunto, y en este mar oscuro y retorcido, las palabras solo se forman para decirte que lo siento, siento haberte dejado ir, siento que me hayas dejado ir, siento habernos dejado ir.
Nunca admití lo mucho que te extrañé, lo mucho que te extraño, soy la mentira que un hombre le dice a su mujer para no hacerla molestar, soy ese engaño de "todo va a estar bien", ¿me recuerdas? este desastre del que te enamoraste, el desastre que se enamoró de ti, pero más fue el orgullo entre palabras que los sentimientos verdaderos. Disfrutar se le queda corto a los momentos que pasamos juntos, meses después me doy cuenta que admitir cualquiera cosa está de más, te extraño, ¿y qué? mi mente retorcida no quiere volver a tomar tu mano y besarle, por mi parte solo quiero abrazarte, la soledad es peor de lo que imaginé, quizás porque el fantasma con destellos rubios la hace peor, aún así... me prometí una vez más no involucrarte en frases desastrosas y párrafos hechos caos, pero este es mi pequeño secreto, escribirte versos sin enviar, escribirte esperando que no leas, mi mayor miedo es desnudar mi mente, y ya lo hice contigo, ¿a dónde vamos a parar? a dónde voy a parar... sigo este camino y solo me veo a mí, supongo que así estoy mejor, los lobos me acompañan, no necesito un ciervo que no supo a donde correr.
Corre, ciervo, corre, al final regresaste pero ya fue muy tarde, el orgullo de esta caperucita fue mayor, unas horas antes y pudo haber sido diferente, pero no lo fue, y aquí estoy, en el presente, no en el "qué hubiese pasado si...", aún así, guardo tu carta, con la que regresaste a mí, la oportunidad perfecta de mi ego para agrandarse, tomarte por el cuello, sin haber puesto un solo dedo encima de ti, y apretar, la oportunidad perfecta para hacerte llorar la mitad de las lágrimas de vinagre que se escurrieron en mi camisa noche tras noche.
Aún así, meses después me disculpo, no por mi, sino por esa voz retorcida en la parte trasera de mi mente, un pepe grillo distorsionado, este grillo que puso el final a nuestra historia, un cuento capaz de protagonizar las más hermosas películas, te extraño, ¿y qué? eso fue entonces, esto es ahora, ya no lo podemos arreglar, quizás es solo momento de decir adiós y dejarlo morir.
Si algún día lees esto, espero no te lo tomes en serio, esta es solo mi mente atrofiada jugando conmigo de nuevo, quizás todas esas palabras y párrafos llenos de lágrimas no significan nada, al igual que tú.
-R
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