Aprendí a la fuerza que hice muchas cosas mal, y que las rosas no siempre clavan espinas en manos inocentes, sino también en palmas pecadoras, sangre que corre con placer, para escapar de cuerpos fríos, sin temor. Y perdí el tallo, y perdí mis pétalos, pero aún tengo estas espinas, que se aferran a mí.
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